Buenos mimbres

No está todo perdido. Y aunque nunca se debe comenzar un artículo, y realmente nada en la vida, con una palabra negativa -más negativa que No es imposible-, en esta ocasión me voy a tomar la licencia con el objetivo de trasladar el proceso de trasformación de un prejuicio a una realidad esperanzadora.

Y sí, estoy hablando de mi experiencia en los talleres que impartí en representación de la Asociación de la Prensa de Jerez y su programa de Alfabetización Mediática  en varios institutos de Jerez y Arcos.

De entrada, y a pesar de haber cursado el tan famoso CAP, Curso de Experto en Educación Secundaria con sus correspondientes prácticas, enfrentarme a un aula repleta de adolescentes en plena revolución hormonal me generaba pánico. He de reconocer que los comentarios de conocidos que desarrollan su labor profesional en este entorno estudiantil no eran muy tranquilizadores. Que si hay agresiones, que no saben escribir, que faltan al respeto al que se les pongan por delante, que se duermen en clase… En definitiva, que los jóvenes hoy en los institutos iban, la mayoría por obligación (hasta los 16 años), que estaban totalmente desmotivados y que la ilusión que tenían cada día era que sonara el timbre anunciado la salida y encender el móvil para chatear con los mismos con los que había pasado o malgastado la jornada.

Éste era el punto de inicio previo a una experiencia magnífica de la que he aprendido mucho más que los alumnos. A veces (o casi siempre), las opiniones vienen aderezadas con contextos sociales y circunstancias personales. Y las que más se transmiten son las críticas negativas y las basadas en sucesos lamentables y/o vergonzosos que es cierto que suceden en algunos centros y en determinados grupos, siendo urgente y prioritario la toma de medidas y atajar de raíz los conflictos. Pero mis miedos, incentivados por estas cuestiones, se evaporaron el primer día, con mi primer taller en el IES Savater.

En primer lugar, tengo que agradecer a los alumnos de 4º de ESO que asistieron a mis clases su voluntad, su atención y su inquietud por conocer más y mejor el entorno que les rodea, el mundo de la comunicación en la que están inmersos, así como a la profesora responsable, implicada e interesada en que los chicos potenciaran su actitud crítica frente a lo que les viene impuesto o supuesto.

Así fue. Un lunes me presenté en la clase llena de nervios y a última hora (horror). Pero el horror se convirtió en satisfacción. Ese primer día y todos los que vinieron después. Es muy difícil explicar el sentimiento que te genera entrar en el mundo de estas mujeres y hombres en pleno proceso de formación y aprendizaje de la vida y plantearles cuestiones que les hacen reflexionar, posicionarse y cuestionarse la sobreinformación y manipulación y/o inducción a los que están expuestos diariamente a través de los medios de comunicación y, especialmente, a través de esa ‘arma de comunicación masiva’ que tienen casi todo el día en la mano o en los bolsillos. Es decir, los dispositivos móviles que les hacen vivir en un mundo virtual donde las relaciones sociales se encuentran en una dimensión muy diferente, casi ficticia, que en vez de incrementar la comunicación entre los propios jóvenes, genera en muchas ocasiones alejamiento, distancia y ¡ojo! con esto, conflictos.

Gratamente sorprendida. Sí. Hay buenos mimbres en esta juventud que asoma. En estos adolescentes que están dominados por las nuevas tecnologías, la saturación de información y la ficción de lo virtual, pero que siguen siendo mente y sentimientos, intuición e ilusión por su futuro.

Son buenos mimbres que entran al debate con entusiasmo, con la vehemencia propia de la edad, reconociendo muchos de ellos errores y planteándose que a lo mejor sus formas de actuar no son las correctas, convenientes o favorecedoras para ellos.

He disfrutado planteándoles preguntas sobre su rutina, sobre sus maneras de comunicarse, de interactuar, cuestionándolas, relacionándolas con sus sueños, con lo que les gustaría recibir de su entorno. Y se han llevado la idea a casa y muchos la han reflexionado con sus familias mientras almorzaban.

Me han contado casos personales y de conocidos que servían para ilustrar y comprender mejor los mensajes que queríamos dejarles con los talleres, el potencial y los peligros de las redes sociales, las distintas formas de comunicación que nos rodea, la responsabilidad que todos tenemos al comunicar a través de internet, etc.

Yo he visto futuro en ellos. Yo me he ilusionado con ellos. Sólo necesitan que los escuchemos y les ayudemos a desarrollar su actitud crítica. Y, en este sentido, tengo que destacar la gran labor que hacen los profesores, muchas veces opacada, y felicitar así mismo a la Asociación de la Prensa de Jerez por poner en marcha esta iniciativa de alfabetización mediática, que debería acompañar de manera obligatoria, no como una actividad extraordinaria, la trayectoria de estos jóvenes durante su educación secundaria.

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